merienda en la terraza

Merienda en la terraza

Merienda en la terraza

De algo estoy seguro y es que todo depende de lo que uno decida para su vida en cada momento, ¿porque lo digo? es muy simple y se aplica tanto a los grandes momentos y decisiones de la vida como a pequeños momentos que pueden quedar grabados en tu mente por toda la vida sin importar lo que pase.

Hoy fue un día normal, sin muchos momentos para destacar producto de un fin de semana bastante movido y con detalles que no vienen a la cuestión. Todo fluía normalmente y el día se disponía a terminar cuando nos preguntamos qué cenaríamos y decidimos cambiar la cena por unas palomitas de maíz (pororó como le decimos en nuestra Argentina), con un té de manzanilla para los chicos y unos mates para la flaca y para mí.

«La vista puede ser linda o la mejor pero si es en familia nada se le compara»

cuando teníamos todo listo en la cocina Eli propone disfrutar nuestra merienda cena en la terraza de Casa Kayab y le dije que sí dudando un poco por el tema de la altura y los chicos, pero me dije “bueno, Francisco es tranquilo y nos hace caso así que vamos para arriba a disfrutar de la vista”.

Acá viene el tema de la toma de decisiones y es que de no haber estado en esa terraza en ese transcurso de la tarde noche no hubiéramos pasado tan grato momento de risas desgarradoras con situaciones que vimos de un par de pescadores que «pasados de copas» (mamados como decimos los santafesinos) intentaban pescar con malla en las orillas del mar sobre las rocas donde hoy un mar muy tranquilo y transparente rompían unas olas de fuerza considerable como para no desestimarlas.

y claro la previa de verlos pasar frente a nosotros y ellos no sabiendo de nuestra presencia dado la altura de nuestra visual más la curda que ellos tenían dieron rienda suelta a su desinhibición sacando lo más lindo que tiene ese estado y es la libertad de dejarse llevar por lo que un cerebro hace en ese estado, arrancando por ir caminando juntos a la par y cada dos por tres parando su marcha porque se enredaban con la malla uno al otro; ya nuestras risas eran leves pero las tratábamos de disimular para evitar ser escuchados mientras se alejaban un poco de nosotros.

Yo sabiendo lo que se venia suspendí la ingesta de pororó para evitar el ahogo, Eli lo mismo pero con sus típicos comentarios como un comentarista de futbol que te narra las jugadas que estas viendo por televisión, Francisco ya distingue la situación pero pocas veces nos había visto reír de esta manera y se sumo con sus carcajadas y para cuando ambos beodos estaban a orillas del mar sobre las piedras uno de ellos parado con la red en sus manos lista para lanzar y el otro intentando llegar donde éste se disponía a lanzar… momento en el que le digo a Brisa:

«Mira esa ola que viene allá a lo lejos»… y bueno es difícil de explicar la situación pero solo puedo decir que nunca vi a un chupado hacer tremendo clavado y su compañero para terminar de hacernos acalambrar la panza de la risa se dispone heroicamente a intentar ayudar a su compadre para evitar ser azotado por la siguiente ola que los sorprende y termino por revolcar al ayudante y tirando por segunda vez al poseedor de la malla de pesca y digo poseedor porque a pesar de todo nunca soltó la malla la cual lanzo en un tercer intento pero no con mucha prolijidad dado supuesto su cansancio y agite acuático que venia sufriendo.

Un minuto antes de que los protagonistas de la escena cómica pasaran por delante nuestro

Bueno la cosa es que ambos se dieron por vencidos y tratando de retomar el control de la situación se dispusieron a recoger la malla sin éxito de pesca pero falta la salida del mar y no fue menor la actuación que la entrada misma pero para entonces ya no nos quedaban demasiadas fuerzas para seguir riendo por lo cual terminamos los cuatro acostados boca arriba tomándonos la barriga y repitiendo tremendas imágenes y volviendo a reír cada ves menos pero ya reponiéndonos físicamente y volviendo a reír un poco cuando Brisa nos muestra todo su té chorreado por todas partes producto de las ahogadas que se pego cuando se reía.

En fin, fueron tremendos 10 minutos de pura risa las que terminamos con la caída del sol a nuestras espaldas y jugando al UNO y ganando Francisco como si fuera poco con sus 5 años dándonos la lección del día.

Y acá estamos al momento de recordar este día común hasta que a uno se le ocurre subir a la terraza donde desde las alturas uno puede ver un mundo que para el nivel del mar no existe.

Y por cierto las palomitas estaban riquísimas y no quedo ni una, el té de Francisco en su panza, los mates deliciosos como siempre y el té de Brisa todo chorreado por todas partes…

merienda en la terraza
Francisco festejando su victoria en el UNO

1 comentario en “Merienda en la terraza”

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