Sí, al final la compramos. Después de que la combi de Uruguay no se diera, volvimos a Argentina de capa caída pero enseguida nos pusimos las pilas, y la búsqueda terminó en Buenos Aires: una Volkswagen Kombi T2 modelo 81 con carpa elevable, preparada con todo el cariño por su dueño anterior. En este post te contamos cómo llegamos a ella y toda la puesta a punto que le hicimos antes de salir a la ruta. Esta vez sí, hasta Alaska.
¿Cómo llegamos a esta combi?
Buscamos por todos los medios y apareció una amarilla con carpa en Buenos Aires que nos encantó. Después de meses a la venta, un día antes de que nos decidiéramos la vio una chica y se la compró. Evidentemente esa no era para nosotros. Pero averiguando el tema de las carpas —Eli quería la estilo Westfalia, con apertura a un solo lado— llegamos a Carlos, de Wolf Camper, y él nos recomendó una combi que un muchacho francés había preparado para su hija y que por distintas razones nunca había salido a rodar. Hablamos con el dueño, nos decidimos, y viajamos a Buenos Aires con todas las expectativas.
Los papeles, otra vez primero
La lección de Uruguay quedó aprendida: los papeles van primero, siempre. Esta vez tuvimos a Andrés haciendo todos los trámites que faltaban para poder retirarla, y nosotros esperando en Retiro con una ansiedad que no te podemos explicar. Cuando por fin la vimos entera, no podíamos más de la alegría: la carpita se abre y Fran ya tiene su cuarto arriba. Increíble.
La puesta a punto: todo lo que le hicimos
La combi estaba preciosa, pero los detalles hacen a la cuestión. En los talleres de Wolf Camper, Pablo nos terminó de acomodar la electricidad: los ojitos no andaban y había que hacerlos brillar de nuevo. Ahí mismo pasamos nuestra primera noche arriba de la combi, con la camita armada. Después vino el chequeo general con el mecánico: cerraduras nuevas, revisión de frenos y caja de cambios, y de yapa descubrimos cómo se regulan los frenos: un agujerito, un destornillador, y listo.
El 9 del 9, cumpleaños de Eli, le hicimos doble regalo: facturas y butacas nuevas, que nos regaló nuestro amigo Sergio. Son de Corsa, así que hubo que adaptarlas: trabajo artesanal del Colo, de Asadores JLO —el emprendimiento de herrería de Marco y Milagros—, porque la corredera original pegaba contra el piso de la combi. Nos llevó el día entero y hasta hubo que sacar una butaca ya puesta, pero quedaron corredizas y súper cómodas. Vamos a viajar de lujo.
La mecánica: bujías, aceite y un silbido misterioso
Fede se puso el traje de mecánico: sacó el carburador y, cuando conseguimos el famoso tubo 13/16 para bujías de esta T2, llegó la sorpresa: dos bujías flojas y una quemada. Varios de los problemitas que venía teniendo pudieron salir de ahí. Compramos las cuatro nuevas, misma marca, en Electro Repuestos Fidel —donde se acordaban de Fede de hace ocho años, cuando preparaba la salida en la Estanciera—, y le hicimos también cambio de aceite y filtro.
Faltaba un misterio: la combi se paraba y cabeceaba al regular. Eli escuchó un ruidito de aire adelante y tenía razón: la manguera de vacío del servofreno estaba rota. Tapábamos la pérdida y el motor regulaba de diez. Manguerita nueva y listo. También sacamos el burro de arranque —un Bosch original alemán— y Leo nos enderezó y lubricó el cable de embrague, que estaba deformado y hacía durísimo el pedal. Embrague nuevo quedó anotado para más adelante.
¿Y entonces? Prontos para salir… pero algo pasó
Llegó la vajilla de camping de aluminio como la que nos acompañó en la Estanciera, los sillones chiquitos, y hasta salimos a probarla a Recreo. Estábamos prontos para cargar todo en Santa Fe y volar. Pero como dice el título: algo pasó. Esa historia ya te la contamos acá: se nos cayó una arandela dentro del motor. Y lo que vino después lo transmitimos en vivo: sacamos el motor y, spoiler de los buenos, el motor ya volvió a entrar.
Toda la serie, en orden y con sus videos, está en Nuestra combi. Y si querés acompañarnos capítulo a capítulo, suscribite al canal: para nosotros, movimiento es vida.

